
Santa Ana una mirada al pasado
Este barrio permite evocar un estilo de vida que le deja experiencias a una comunidad para que siga la ruta de construcción del desarrollo, desde la participación y el sentido de pertenencia.
Don Manuel Chía un ciudadano de 95 años y tal vez uno de los habitantes más antiguos de la Comuna Uno llegó a la finca Santa Ana, a la edad de nueve años, como él lo describe este era un terreno inmenso en donde solo se veían potreros y casas muy distantes entre sí, allí se sembraba cebada, trigo y papa.
Años después el Señor Raimundo Barón dueño de la finca, vende el predio a Ignacio Gómez y este a su vez a Carlos Montoya quien finalmente lo entrega a sus herederos.
Vicente Cortés fue el primer presidente de la Junta der Acción Comunal del barrio, quien en calidad de líder guiaba a su comunidad. En aquel tiempo el agua se sacaba de pozos y el agua potable se compraba en bidones y fue así como en el gobierno de Turbay Ayala la población logra acceder al servicio de acueducto, la comunidad trabajó unida para aportar abriendo las zanjas.
El Humedal Tierra Blanca era un lugar seco donde hacían los sembradíos, pero con el tiempo se fue volviendo laguna, pues allí llegaba el agua que bajaba de los cerros y la que se desbordaba del Río Suacha; en aquel momento este lugar albergaba peces, aves migratorias y además era el lugar donde las familias se reunían a realizar el tradicional “paseo de olla”.
En ese tiempo no había nomenclatura, cada lote tenía un nombre, por ejemplo: Santa Teresita. Santa Ana era un barrio seguro donde se podían dejar abiertas las puertas de las casas sin ninguna preocupación.
Años más tarde la comunidad vio la necesidad de construir una escuela, en este proyecto participó toda la comunidad. Realizando bazares y reinados los habitantes gestionaron los recursos para la apertura del recinto educativo “yo fui una de las que participó en los reinados, parábamos los buses y les pedíamos plata” Yolanda Rodríguez, habitante del barrio Santa Ana.
Las vías de acceso al barrio eran “trochas”. Los habitantes se transportaban en los buses que venían desde Sibaté.
En la actualidad existen todavía muchas de las familias fundadoras del barrio, que se caracterizan por ser muy numerosas y habitar en el mismo sitio, quiere decir que sus residencias se encuentran una al lado de la otra, esto debido a que en ese tiempo compraban lotes muy grandes, los padres heredaban a los hijos, y hoy en día podemos citar algunas de las familias que son emblema de la comunidad y que aún permanecen en sus residencias natales: familia Chía, familia Marentes, familia Romero, familia Nieto.
Con el transcurrir del tiempo han llegado personas de diferentes partes del país, y se ha empezado a desarraigar el sentido de pertenencia, se nos ha olvidado el legado que nos han dejado nuestros abuelos y padres que es el verdadero trabajo comunal. En el pasado la comunidad aportaba al progreso de su territorio pero el crecimiento acelerado y desordenado de los municipios y ciudades ha generado que el tejido social vaya desapareciendo poco a poco.
El barrio cada día crece y se desagrega en nuevos como: Santa Ana Pinto, Santa Ana San Carlos, San Fernando, La Laguna y muchos otros. La propiedad horizontal se ha incrementado en los últimos años. Este barrio logró consolidar la primer personería jurídica del municipio de Soacha, el 19 de febrero de 1,962 _ 000380.
Podemos concluir que la comunidad tiene la misión de continuar con el legado que nos dejaron nuestros abuelos y padres, apropiándonos de nuestro territorio y proyectándonos al futuro desde la participación colectiva y el sentido de pertenencia.
Carlos Chía, Líder comunitario
Autor: Marlén Hernández
Corrección de estilo: Martha Arriola
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